La desaparición de la administración romana va a procurar nuevas formas de existencia para las gentes en la segunda mitad del primer milenio, sometidas a instables condiciones políticas y sociales que empujaron a la formación de núcleos prefeudales autónomos y dispersos. Los vínculos religiosos son los más fuertes lazos de cohesión en unas sociedades convencidas de la existencia de otra vida más allá de la muerte.
Algunos ejemplos que nos trasladan a este momento histórico y formas de vida pueden ser la Cueva de los Siete Altares en el cañón del río Duratón (Segovia), los enterramientos en roca de Regumiel de la Sierra (Burgos), las más de 130 tumbas rupestres de Revenga o la necrópolis de Cuyacabras, donde se aprovechó la roca de forma lateral para construir niños funerarios. Trespaderne, Mijangos o Tartalés de Cilla, todos ellos en la provincia de Burgos, son interesantes yacimientos que no debemos olvidar en nuestro recorrido.