Tras el dominio musulmán de la Península Ibérica y parejo al proceso de Reconquista, llega hasta estas tierras un nuevo estilo artístico como es el románico, que encuentra en el Camino de Santiago una vía de difusión y expansión de esta nueva forma de entender el cristianismo, que va unida a una uniformidad de modelos constructivos.
En la línea del Camino tenemos grandes ejemplos de este estilo como por ejemplo el monasterio de San Juan de Ortega (Burgos), la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia), la portada de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (Palencia) o la espléndida basílica de San Isidoro en la capital leonesa. Al norte del Camino encontramos una zona como es la montaña palentina, en el entorno de Aguilar de Campoo y con algunos de los más bellos ejemplos de arquitectura románica rural.
La línea del Duero nos ofrece otros grandes ejemplos de este estilo artístico como todo el románico soriano, tanto el de la ciudad con obras como el Claustro de San Juan de Duero o la iglesia de Santo Domingo, como el rural con ejemplos como Caracena, San Esteban de Gormaz, Rejas de San Eseban, Caltojar, etc,… donde destacan sus galerías porticadas. El Duero nos llevará también hasta Zamora, pasando por Valladolid y Toro. La capital zamorana es conocida como la “ciudad del románico” por su más de veinte templos construidos en este estilo, destacando sobre todo el cimborrio de su Catedral.
Pero el románico se extiende por toda la región, desde la zona de Sepúlveda y Duratón (Segovia) hasta Ávila capital, el norte de Burgos y la Sierra de la Demanda, la maragatería y El Bierzo en León, el valle del Esgueva en Valladolid, las comarcas zamoranas de Benavente y Sanabria o el románico de la capital salmantina.